La composición musical creada por el alumno de composición musical se inspira el mito egipcio del juicio de Osiris. Dividida en cuatro movimientos, la obra retrata la travesía del alma del difunto a través del inframundo, su enfrentamiento ante el tribunal divino y la determinación de su destino eterno. Cada movimiento evoca emociones y estados mentales diferentes, desde la tensión y el miedo hasta la esperanza y la angustia, que se experimentan durante el juicio.
Para crear una atmósfera sonora evocadora, el alumno utiliza sintetizadores con sonidos ambientales y una escala menor armónica, que aporta un toque exótico y misterioso a la composición. Los acordes formados con esta escala reflejan la incertidumbre sobre el veredicto final del juicio, creando una sensación de tensión y expectativa en el oyente.
Además, se incorporan sonidos grabados y procesados para simular diversos ruidos, que se mezclan y superponen para crear un ambiente caótico y opresivo, reflejando el tumulto del juicio divino. Al final de la obra, el sonido se interrumpe bruscamente con una campanada que marca el fin del juicio y el veredicto final, transmitiendo la solemnidad y la trascendencia de este momento crucial en la mitología egipcia.
El arte egipcio, florecido durante el antiguo Egipto, se caracteriza por su iconografía distintiva, su enfoque en la religión y la creencia en la vida después de la muerte, así como por su estilo simbólico y estilizado. Los antiguos egipcios crearon obras de arte que reflejaban su cosmología y sus creencias sobre el juicio final en el más allá, como el mito del juicio de Osiris, donde el alma del difunto era juzgada por sus acciones en vida.